Los medios digitales vienen del clic y van al clock*

Los medios digitales vienen del clic y van al clock*
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Tras años de dictadura de lo viral, los textos largos triunfan en internet. Hemos tardado un decenio, pero ya sabemos leer en web como si fuera papel.

Se dice y se repite, como un mantra, que los internautas no leen. Que es mejor rápido, corto y entretenido. Que nos gustan las listas, los gatos que se asustan con pepinos, los vestidos que cambian de color… Eso: lo rápido, lo corto, lo entretenido.

Lo dijo en 1997 Jakob Nielsen, el gurú de la usabilidad web: «El tono de una buena escritura para la web viene del correo electrónico. Es más directo, urgente, ingenioso, eficiente; no te hace perder el tiempo». A él le debemos cosas como las palabras en negrita y las listas. Y la idea de que los usuarios se aburren con textos largos.

Y durante un tiempo, esas teorías se convirtieron en ley. Pero en internet las leyes son tan efímeras como un gif. Ahora, diez años después de la teoría de Nielsen, una tendencia está desafiando al lector-escáner: los textos de largo formato, esos que desde hace mucho ya no cabían en las páginas de los periódicos y muy poco en las revistas. Los que necesitan semanas, meses para producirse y, por ende, más de 30 segundos para leerse.

En mayo, un estudio del Pew Research Center estadounidense trajo buenas noticias para los medios que desafían a la ley madre de internet: quienes navegan desde el móvil prestan el doble de atención a los artículos extensos que a los breves. Hay más: en 2015, en el Top 500 de Pocket -una app para guardar contenido y leerlo después-, la duración media de los textos era de 3.190 palabras (unos 15 minutos de lectura).

¿Eso quiere decir que los gatitos están muriendo -en sentido metafórico- y que hay un resurgir del periodismo de largo aliento? «Frente a los contenidos de consumo rápido que inundan las redes sociales, se están abriendo paso lasviejas narrativas periodísticas, en las que autores y lectores coinciden en la necesidad de dedicar tiempo para explicar y comprender los asuntos complejos que no caben en un tuit», analiza José Luis Orihuela, profesor de Comunicación en la Universidad de Navarra y autor de Los medios después de internet.

Esto es cierto: en Estados Unidos hay un auge de medios de periodismo de largo aliento (Narratively, Byliner, The Atavist); en Latinoamérica existe una generación de periodistas que escribe crónicas de no ficción elevadas a categoría de arte en medios como Gatopardo, Anfibia, Etiqueta Negra; en España asoman un puñado de iniciativas -producto de una crisis que golpea fuerte- que apuestan por el periodismo de profundidad. Hay, en resumen, un entusiasmo y una fe de ir en contra de lo que los gurús dicen que se debe hacer.

Y lo hacen agarrados a la tecnología más que a la pura nostalgia. El buen momento de este formato en internet empieza, aunque suene raro, cuando Steve Jobs nos revela el iPad (2010). A esa conclusión llegó la periodista estadounidense Anna Hiatt, en una investigación para el Centro de Periodismo Digital de la Universidad de Columbia. Las pantallas de alta resolución de las tablets mejoraron la experiencia lectora del usuario.

Era 2012. Teníamos tablets e historias largas, pero algo no terminaba de convencer a los lectores para llegar hasta la última línea. Y llegó Snow Fall, un reportaje del New York Timesque combinaba texto con un gran despliegue multimedia. Ahora eso es muy común, pero hace cuatro años era una gran novedad. Desde ese día contar una historia larga en internet dejó de tener una receta única.

A propósito de recetas, por la misma época apareció una fórmula para generar tráfico. Tenía cuatro patas y bigotes. En internet, el tráfico es un problema que empezó cuando los clics (número de visitas) se convirtieron en la medida para vender publicidad. Seamos francos, el periodismo de largo aliento nunca ha tenido un público masivo. Además es costoso y requiere tiempo para producirse. Había que encontrar algo que fuese todo lo contrario: entretenido, rápido y barato. Eso ofrecía el contenido viral. Su objetivo es obtener clics y «si esa es la única finalidad del periodismo, estamos en un problema», advierte Federico Bianchini, editor de la revista argentina Anfibia. «El periodismo de largo aliento nos cuenta historias, denuncia casos de corrupción, nos permite conocer otros mundos; laslistas de gatitos nos hacen reír (si son buenas)», reflexiona.

Pero son, a la final, otra forma de contar las cosas. «Hacer una lista no es nada fácil. Todos las copian mal, y la gente no es tonta. Una buena lista no solo da tráfico. Tiene valor», defiende la periodista peruana Esther Vargas, directora del espacio virtual Clases de Periodismo. «Creo que los virales no van a matar el periodismo y menos, los gatitos. Lo que puede matar el oficio es la tendencia a paralizarse y no querer reinventarse», añade.

Los gatos generan clics, los clics generan dinero. Pero el modelo empieza a cambiar. «Ahora también depende de la propia audiencia», explica Chus del Río, de Innovation Media Consulting: «Los medios vienen del clic y van al clock(reloj). Es decir, pasamos de valorar el número de visitas al tiempo que el lector pasa con un texto». A lo que se llama compromiso.

Antes de continuar, hay que aclarar que más visitado no quiere decir más leído, más guardado no quiere decir más leído, más compartido no (siempre) quiere decir más leído. Pero sí, es verdad que esas métricas ayudan a entender lo que le gusta al lector o a que un contenido se distribuya mejor.

Dedicarle más de 30 segundos a un texto. Dedicarle, digamos, dos, cinco, 15 o más minutos, llegar hasta la última línea, es lo que se conoce como tiempo comprometido con un artículo. Lo que ahora buscan los medios. La buena noticia es que hay lectores dispuestos a dárselo. En el 2015, What Isis Really Want (Qué quiere realmente el ISIS), publicado en la revista estadounidense The Atlantic, fue el artículo más leído en la lista de Chartbeat (una empresa de analítica web). Tenía 10.000 palabras y alcanzó 20 millones de visitas en 10 meses con un tiempo de lectura de casi cuatro minutos. La mayoría de artículos recibe apenas 45 segundos de atención.

Ahora son los lectores los que pagan por los contenidos, dice el periodista Juan Antonio Giner, cofundador de la empresa Innovation Media Consulting. El soporte financiero de los medios ya no es solo la publicidad, hay otros modelos, como elcrowfunding. «En ese sistema, el contenido es la clave. Contenidos que inquieten, que emocionen, que hagan pensar».

Por eso, incluso Buzzfeed, -sí, el padre de los virales- se interesó en el contenido largo. Su primera pieza de este formato se publicó en noviembre de 2012. Poco después contrató a Alex Campbell, ganador de dos Pulitzer para liderar el área de investigación. Pero sin perder su ADN.

Y ahí está la batalla: en atraer al público. Con contenido largo, ingenioso, eficiente. O con contenido corto, ingenioso, eficiente. Con eso, con contenido.

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Este nota fue realizada por Jackeline Beltrán para El Mundo-Papel y republicada por CONNECTAS*.

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Foto: aprilrosebuordolone.files.wordpress.com

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